TRADICIÓN DE TUMBAS DE TIRO
El territorio que actualmente conforma los estados de
Nayarit, Jalisco, Colima, Sinaloa y Michoacán se encuentra geográficamente
integrado al área de estudio conocida como Mesoamérica, mas concretamente en la
región de las culturas del occidente de México. Una de las particularidades de
las sociedades precortesianas en el occidente de México es la presencia de la
tradición de tumbas de tiro. Dicho territorio varía mucho de una región a otra,
dentro de su espacio geográfico la naturaleza proveyó desde bosques, playas y
selvas, hasta pantanos y desiertos. Estas variaciones en el medio también
propiciaron que las comunidades que se desarrollaron en esta región le dieran
un toque particular a cada aspecto de vida que abarcara su influencia regional;
partiendo en todo caso, de una serie de características culturales que son
propias y exclusivas de este pedacito de México que conocemos como el
occidente, aunadas a las influencias de otras grandes culturas del centro del
país.
TUMBA DE TIRO
Aproximadamente desde 1500 A.C.
hasta 600 D.C. varios de los pueblos que habitaron este vasto territorio
conformaron la llamada tradición de tumbas de tiro. Por lo general estas tumbas eran construidas
en terrenos cercanos a las faldas de los cerros o en lugares con sedimentos de
materiales no muy duros, pero resistentes y fáciles de modificar. (Por ejemplo,
el Tepetate). Los tiros o pozos son
circulares o cuadrangulares, tienen una profundidad de entre 1 y 22 metros y su
diámetro o cada uno de sus lados no pasan de 1 m.
En términos básicos, una tumba de
tiro consiste en un pozo o tiro vertical en cuya base se abre una o varias cámaras,
lugares con techo abovedado y piso
plano, en donde los muertos y sus ajuares usualmente no eran cubiertos con
tierra o piedras, es decir se conservaba el espacio hueco, mientras que el tiro
era rellenado y la entrada a la cámara bloqueada con lajas de piedra, ollas o
metates.
Dentro de ellas se colocaba, de
acuerdo con el rango de los difuntos, una serie de ofrendas que normalmente
reproducen en esculturas cerámicas la forma de vivir de aquellos tiempos. En
figuras huecas de tamaño hueco o en las figurillas sólidas aparecen caciques en
literas, guerreros, acróbatas, enfermos, mujeres con sus hijos, etc., en sinnúmero
de posiciones y actividades. También se representaban animales, destacando los
perros cebados o Xoloixcuintles, Jaguares, venados y otros diferentes tipos de
aves, mamíferos y reptiles. (La región de Colima aporta particularmente
hermosos ejemplares de fauna y flora en las representaciones artísticas).
Estas figuras de barro, popularmente
conocidas como “monos” son verdaderas
obras de arte, consideradas por lo general como las piezas arqueológicas mejor
preservadas del México antiguo; esto gracias a la condición de aislamiento a la
que fueron sometidas por resguardarse durante miles de años en un espacio
solido y seco a varios metros de profundidad.
Especial lugar ocupan las maquetas
que nos indican cómo eran sus casas, sus templos e inclusive el juego de
pelota, lo mismo que los conjuntos de figurillas que sobre una plancha de barro
representan tanto festividades como juegos, danzas y escenas de la vida diaria.
(Estas maquetas son características de las regiones limítrofes de Jalisco y
Nayarit, principalmente de las zonas de Ixtlán del Rio, Amatlán de Cañas,
Ahuacatlán, Jala, Tequila, San Sebastián, Ameca, Etzatlán, etc.)
De igual manera se incluían diferentes
objetos en las tumbas, como artefactos de obsidiana (puntas de flecha,
cuchillos), adornos de concha o pedernal; en algunos casos cobre; agujas,
alimentos, innumerables ollas, platos, y vasijas de barro, metates, malacates,
entre muchos otros objetos de uso diario. La cultura Nayarita de las tumbas de
tiro se distingue por las maravillosas representaciones de mujeres muertas en
el parto. Los antiguos mexicanos consideraban a estas féminas unas divinidades,
(Los mexicas las llamaban Cihuateteo) ya
que la defunción suscitada por complicaciones en el parto era equiparada en
iguales términos y honores con la muerte que estaba destinada a los guerreros:
El perecer en combate. El parto y la guerra se consideraban dos luchas igual de
importantes y sagradas.
Entre las ofrendas a los muertos
depositadas en las tumbas de tiro sobresalen las esculturas cerámicas que
figuran a mujeres y hombres en volúmenes sólidos y huecos. Estas imágenes de
los ancestros constituyen el retrato de la sociedad mas humano del México
antiguo. (Sobresalen las figuras de los
estilos Ixtlán, Ameca, figuras del rescate del proyecto hidroeléctrico el cajón,
y las de la tumba del cementerio prehispánico de “Las Cebollas”, comunidad de
Tequilita, municipio de San Pedro Lagunillas, entre muchas otras mas….). Todas estas muestras de alfarería y demás
objetos tenían la misión de servir y “acompañar” al difunto por el largo
travesío que tenia que cubrir para llegar al Mictlan, lugar de los muertos….
ESTRUCTURA SIMBOLICA Y RELIGIOSA
Es común encontrar panteones enteros
con este tipo de sepulturas, como el cementerio de “Chapula”, municipio de
Xalisco (Enfrente de las instalaciones de la facultad de agricultura de la UAN
y la UT), “Las Cebollas” municipio de
San Pedro Lagunillas, o Zacualpan, municipio
de Compostela; solo por mencionar unos cuantos ejemplos. En algunos casos, se construyeron centros
ceremoniales o asentamientos de carácter religioso alrededor o en las cercanías
de los panteones de tumbas de tiro, siendo la representación más famosa el
sitio arqueológico de los Guachimontones, en el municipio de Teuchitlan,
Jalisco.
Es interesante notar la
funcionalidad práctica del diseño de las tumbas de tiro, puesto que permitía la
reapertura de los espacios para realizar, entre otras prácticas, el entierro de
los difuntos. Se han encontrado familias enteras cuyos miembros no fallecieron
al mismo tiempo, por lo que algunas tumbas fueron utilizadas en varias
ocasiones. Lo mas importante de todo es destacar el simbolismo religioso de las
tumbas de tiro.: Su forma remite a una matriz materna, en tanto que una
abertura estrecha, a manera de vagina, conduce a un espacio abovedado -el
útero- que serviría de morada eterna a los difuntos, sugiriendo la idea de un
retorno al origen o tal vez de un renacimiento.
En Mesoamérica las tumbas de tiro
pueden considerarse exclusivas de la región occidental, pues en las otras
regiones sólo se localizan algunos ejemplos aislados. En cambio, son frecuentes
en Colombia, Ecuador y Perú, lo cual sumado a las similitudes estilísticas e
iconográficas con el arte cerámico mortuorio, indica contactos desde las fechas
tempranas entres esas dos áreas lejanas.
SAQUEO Y DESTRUCCIÓN
Desde tiempos inmemorables estos
interesantes vestigios arqueológicos han sido profanados por coleccionistas,
traficantes o “buscadores de tesoros”.
Ya en el siglo XIX el explorador Karl Lumholtz informó que existían personas cuyo oficio era
saquear tumbas precortesianas, siendo conocidos desde ese entonces como
“Moneros” (termino que persiste hasta la actualidad). Como ejemplo de tan
lucrativo negocio, se sabe que en Austria existen varias piezas de alfarería
nayarita, procedentes de la colección privada que reunió el desdichado Emperador
Maximiliano I de México. Irónicamente estas piezas arqueológicas (junto con
otras procedentes de diferentes regiones del país) fueron algunas de los pocas pertenencias que
acompañaron al cadáver de Maximiliano a Europa, como si de una extraña manera
cumplieran el cometido por el que fueron creadas: Seguir al difunto en una
larga y triste travesía hasta su destino de descanso final…..
Actualmente muchas tumbas son
destruidas por los campesinos, al temer que sus tierras sean expropiadas por la
federación, otras son saqueadas por las obras de arte que contienen, y otras se
pierden simplemente por ignorancia o falta de valoración…..El tráfico de
arqueología es severamente penado por la ley, aunque esto no merma el saqueo y
el comercio ilegal de tan maravillosos vestigios históricos.
BIBLIOGRAFIA
Gutiérrez Contreras, Salvador (2001)
Los Coras y el Rey Nayarit. II edición. México:
IMPRE-JAL
Hernández Díaz, Verónica (2010) El
culto a los ancestros en la tradición tumbas de tiro. Arqueología Mexicana, 18(106),41-46.
Schöndube B., Otto (1998) El
occidente de México. Arqueología
Mexicana: México antiguo. Antología, 1, 156-163.
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